sábado, 23 de febrero de 2019

Buen Día Sarah Bernhardt

Por Maikel Chávez
Todado de Cubaescena

Si hay algo del teatro que adoro es el poder que tiene de desnudar el alma de quien lo hace. Un día a esa maestra de la actuación que es Corina Mestre le preguntaron si era difícil actuar y ella contestó que era muy difícil. Hoy lo comprendí, pero a través de otra maestra de actuación que ha formado a varias generaciones de actores. Lizette Silverio y Flora Lauten.

El Estudio Buendia en coproducción con Estudio Teatral La Chinche presentan en temporada el espectáculo Sarah Bernhardt, original de Pierrette Dupoyet, con puesta en escena de Silverio y la actuación de Indira Bernhard Valdés.

Realidad y ficción desdibujan sus trazos sobre una actriz que interpreta y conecta su vida al arte de la escena. Como afirma Jaime Gomez Triana, asesor y crítico teatral, en sus notas al programa “El teatro es juego, ilusión, encantamiento, pero sobre todo vida”. Eso sentí ante la representación, un torrente de vida y fuerza. Una interconexión entre directora y actriz capaz de atrapar al más escéptico de los observadores.

Buendía es de esas compañías que donde se presentan moviliza al público. Una compañía que ha regalado a la memoria teatral espectáculos que forman parte de nuestra historia. La osadía de Lizette y la valentía de Indira son resultado de lo que esta compañía ha generado en la consciencia emotiva de los creadores. El riesgo presente. La pasión latente. Buendía y La Chinche, maestros dialogando, eso es, simplemente, Teatro.

La actriz francesa Sarah Bernhart es símbolo teatral por sus anécdotas tan excéntricas y sugerentes. Desde su biografía es capaz de crear para el espectador un mapa que incita al sueño o al terror. Su imagen, siempre rotunda, llegó a nosotros a través del cine.

Esta apropiación cubana del texto de Pierrette Dupoyet es un rejuego escénico donde Lizette demuestra su potencialidad como directora de actores. Pretende mostrar el rostro de la actriz tras la máscara, y cuando menos lo esperamos no sabemos dónde está la máscara y dónde la actriz. Dónde el teatro hace puntos de contacto con la realidad o dónde se burla de nosotros al ofrecer un producto tan elevado.

Confieso que no creo que el teatro sea reflejo de la sociedad. El fenómeno de la recepción deprende de particularidades. Por eso, creo que este espectáculo centra su mirada en una metáfora de un ser caótico, temeroso, fuerte y con deseos de vivir a pesar de sus obstáculos. La directora y la actriz crean sobre la escena su propio micro cosmos donde dialogan acerca de sus realidades y crean un nuevo universo.

Tres colores, rojo, blanco y azul, se imponen a la mirada acuciosa. Una actriz y un personaje se entremezclan con esos colores. Capas, zapatos, perchas… el terror de un solo tacón. El sutil vestuario completamente blanco. Todo eso, acompañado de la expresividad del discurso relatan más que una vida histórica, una cotidianidad que asusta, una que solo puede ser salvada por el arte.

Cuerpo-memoria, identidad cubana, ritualidad que atraviesa la obra. Saraha es espíritu convocado desde la metáfora teatral que permite un proceso investigativo para la actriz. Estudio Teatral La Chinche enfoca su proceso creativo en el cuerpo del actor. En el entrenamiento. Este dialogo con Indira Valdés es, a mi juicio, un punto de crecimiento para seguir progresando desde la escena.

Indira Valdés asusta e ilumina. Estremece desde su apropiación. Apenas niciada la obra, como evocación ritual dice: “Señora Sarah…”, ya sabemos que no relatará la historia tantas veces recreada. Sino que develará su alma en un ejercicio creativo con una maestra de actuación, Lizette.

Momento excepcional en el que descubrimos a la actriz mostrando la posibilidad de ser otro a partir de ser uno. Como metáfora de que hacer teatro es dejar de vivir, sin morir, para vivir en otra parte.

Sarah en La Habana tras el cuerpo de Indira, o, Indira tras su imagen reviviéndola en La Habana. Una nueva realidad que versa sobre el trabajo del actor. Lizette Silverio, líder del Estudio Teatral La Chinche, supo conducir a la actriz y hacerla dueña de la escena, cual maestra de actuación que ha formado varias generaciones.

El teatro es ilusión, crecimiento, replantearse la vida aquí y ahora. Sólo puedo decir que estuve ante un espectáculo sincero, donde lo versátil sobrepasa los sitios comunes. Es su actriz y directora un ejemplo de seguir confiando en el arte. Así como la banda sonora de Romy Sánchez, capaz de transportarte a momentos sensoriales del personaje.

Entre el dolor de un ser extraordinario como el evocado en este texto y el virtuosismo de una criatura de isla como lo es Indira Valdés, comprendemos que el arte es puerto seguro para acrecentar el alma.

Tomado de: http://cubaescena.cult.cu/buen-dia-saraha-bernhardt/ 

martes, 29 de enero de 2019

Ser Prudentes, como La Chinche

Por Charles Wrapner
Tomado de Cubaescena

Crecí escuchando una frase popular en voz de mis abuelos y en la del famoso personaje del Coronel Blanco en la telenovela Al compás del son. “Lo bueno que tiene esto, es lo malo que se está poniendo”, frase que avizora el desastre y muchas veces suena como el toque a degüello. La he escuchado acompañada de cierto gozo en la voz del enunciador. Preludia la supresión del raciocinio y la entrega al disfrute de destrozar al contrario. Generalmente se dice con ironía, sadismo. En esta frase pensé cuando vi La Prudencia, puesta en escena de Estudio Teatral La Chinche, basada en el texto homónimo del argentino Claudio Gotbeter.

Tres amigas de edad avanzada se dieron cita para pasar juntas el último día del año en la casa de una de ellas. Margarita (Camill Odette Baeza) y Trinidad (María Carla Guevara) han llegado primero, pero a la llegada de Nina (Laura Tarrao) que insiste para que le abran la puerta, se desata un pánico atroz y la paranoia principal de todos los estragos de la obra.


La prudencia

Los olvidos frecuentes de los personajes son espejo de la desmemoria del mundo de hoy. La desconfianza genera un odio atroz hacia el otro, incluso al punto de no reconocer a los amigos. En el marco de una pequeña habitación se esbozan los hechos que constituyen la decadencia de la única especie con capacidades mentales superiores al resto de las conocidas hasta hoy en el universo.
En clave de comedia negra típico en la dramaturgia de Gotbeter, y con atinado tono farsesco en el desempeño de las actrices, Lizette Silverio crea el tejido de la pieza prescindiendo de mobiliario escenográfico. Está claro que todo lo que ocurra aquí será total responsabilidad del individuo-personaje.

Esa idea es reforzada mediante el clásico juego de teatro dentro del teatro, donde una de las actrices interrumpe varias veces la obra para quejarse de la rudeza de sus compañeras al ejecutar las acciones.


La prudencia

La víctima regresa del más allá a pedir clemencia porque la están golpeando. Tal parece que sus colegas actrices, alienadas en la acción, han olvidado que se finge muerta porque así lo reclama la pauta escénica. El público ríe por lo grotesco del juego y por ver cómo la muerta se levanta pidiendo cuidado, sin embargo esta secuencia es una entre muchas que subrayan efectivamente la indolencia como terrible realidad.

La dinámica de la puesta posibilita atravesar los límites de lo real y lo dramático para señalar de un modo inteligente y suspicaz la fuerza del impulso destructivo infundado por las sociedades donde el miedo es mecanismo para controlar las multitudes.

En un contexto teatral donde el “no actuar” o una supuesta naturalidad están en boga, se agradece una pieza como esta que sostiene la obra gracias a la vitalidad del cuerpo y la voz de las actrices. Una pieza que muestra códigos escénicos de la actuación farsesca y del absurdo con especial sentido del gusto para, al decir de Jaime Gómez Triana en las notas al programa, “activar las circunstancias que el texto propone”.

La prudencia

Tuve la oportunidad de ver el estreno de la obra y de volver a ver la puesta en la recién finalizada temporada en la sala Tito Junco del Centro Cultural Bertolt Brecht. El discurso escénico ahora más afinado y eficaz en su estilo, sin dejar de estremecer el centro de la epidemia con su humor negro, ha despertado la espontaneidad del público. Comunicación evidente en frases, interjecciones y carcajadas coherentes con la trama de la obra. Un fenómeno que debe observarse y estudiarse con atención porque da muestras del diálogo que establece esta obra con los espectadores. Termómetro de la recepción de un discurso en clave de farsa, profundo, actualizado y contextualizado en nuestra realidad, donde a veces se hace agónica la posibilidad de ser espontáneos en el teatro.

Tomado de: http://cubaescena.cult.cu/ser-prudentes-como-la-chinche/ 

viernes, 4 de enero de 2019

En temporada





El Estudio Teatral La Chinche está presentando hasta el próximo 13 de enero, en el Café Teatro del centro Cultural Bertolt Brecht, La prudencia, una obra original del dramaturgo argentino Claudio Gotbeter con puesta en escena de Lizette Silverio Valdés y actuaciones de María Carla Guevara Santana, Camill Odette Baeza Morales y Laura Tarrao Rodríguez. Funciones viernes y sábados 8.30 pm y domingos a las 5.00 pm. 

Sinopsis: Dos amigas dialogan el fin de año mientras esperan la llegada de una tercera. Cuando esta toca a la puerta, desconfían de que en realidad sea quien esperan. La excesiva prudencia las lleva a realizar un acto violento e irracional que justificaran de inmediato tratando de reequilibrar el falso mundo en el que se ocultan. 

Sobre el autor: Claudio Gotbeter es dramaturgo, director, docente y actor argentino. Dirige el grupo Comedias Negras. Sus obras han sido representadas en más de veinte países.  Entre sus obras se encuentran también Los invisibles de siempre, Desquiciados, Los irreverentes, Si alguien lo sabe por favor que lo diga y El retrete. El Museo Fujak de Arte Moderno en Aviñón, Francia, realizó en 2008 un homenaje a su trabajo que incluía la proyección de entrevistas y montajes franceses de sus obras, fotos, escenografías, y la lectura de seis de sus obras. Su texto Los Irreverentes recibió el primer premio a la mejor obra en el Festival de Engativa 2003 en Bogotá, Colombia. En su papel de autor-director, ha puesto en escena sus propias obras a lo largo de más de veinticinco años. Sus textos han sido traducidos al portugués, inglés, francés, italiano, alemán y árabe.  Editorial Mondragón publicó el libro Comedias Negras que recoge dos de sus obras: La Prudencia y Los irreverentes.

Fecha de estreno: Noviembre de 2018

Género: Comedia negra

Notas al Programa:
Todo está en perfecto desorden.
sentencia popular actual

A lo largo de sus más de doce años de existencia, el Estudio Teatral La Chinche, fundado en 2006 por la maestra de actores Lizette Silverio Valdés, se ha pensado a sí mismo como un espacio para la formación y el crecimiento de jóvenes intérpretes. Con un repertorio diverso, que ha incluido espectáculos para niños, jóvenes y adultos, así como la puesta en escena de textos de algunos de nuestros más notables dramaturgos contemporáneos, entre ellos Salvador Lemis, Norge Espinosa, Nara Mansur y Yerandy Fleites, el grupo ha incursionado también en la creación colectiva y trabajado a partir de la poesía y la narrativa de autores como Samuel Feijóo y Miguel Barnet. Más allá de la dramaturgia nacional hemos querido además presentar al público cubano el quehacer de autores internacionales poco difundidos entre nosotros. Es el caso del argentino Claudio Gotbeter, con una reconocida trayectoria como dramaturgo y director al frente de su colectivo Comedias Negras. 

Para intentar escapar de un mundo demasiado atroz, tres amigas construyen un refugio que acaba convirtiéndose en una ratonera. El aislamiento y la asepsia autoimpuesta terminan por desatar una «epidemia» incontrolable. El germen está en el interior y pensarlo ajeno, externo, solo refuerza la letalidad de la cepa. La prudencia es un magnífico texto. En él, Gotbeter da rienda sueltas a una peculiar concepción de la teatralidad. Centrada en la formulación de un mundo absurdo plagado de personajes extravagantes, la poética de este autor se sustenta en la conjunción de vertiginosas situaciones y de diálogos coherentemente irracionales. Sus personajes, sin saberlo, compiten por ocupar el peor sitio y en el intento por respetar las reglas socialmente establecidas acaban dando legitimidad a una moral corrupta que normaliza el horror y la violencia. 

Despojada de escenografía, la puesta de Lizette Silverio Valdés pone todo el acento en el trabajo de las actrices. Juego y prejuego son las claves para activar las circunstancias que el texto propone. Interesa sobre todo liberar la teatralidad contenida en las réplicas y contrarréplicas de los personajes y potenciar los procedimientos, a un tiempo lúdicos y macabros, que el autor fusiona. Sin duda, se trata de una obra divertida que resulta también productiva en el sentido brechtiano del término. Es nuestro deseo que nos ayude a conjurar las infinitas y múltiples formas de la insensatez y la indolencia que proliferan hoy entre nosotros. Usted, prudente o no, hace parte de esta trama. 

Jaime Gómez Triana

Equipo Artístico:

Dirección artística y general: Lizette Silverio Valdés  
Asesoría: Jaime Gómez Triana
Selección musical: Lizette Silverio Valdés y Viviana RamosArgulló
Diseño escénico: Erick Eimil Mederos
Diseño de iluminación: Marvin Yaquis
Profesora de Música: Viviana Ramos Argulló
Profesora de Danza: Katherine Boizán Serrano
Asistente de Dirección: Anniet Forte López
Producción: Liudmila Osorio Balanzó
Fotos: Anniet Forte López